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IRÁN

Un viaje extraordinario a un país sorprendente y desconocido. Lo primero que sorprende al llegar es la sensación de limpieza de calles y avenidas (sin un papel ni un plástico por el suelo) y lo segundo la amabilidad y cercanía de la gente, encantada de hacerse fotos con nosotros.

Los que piensan que Irán es otro país más de Oriente Medio se equivocan porque, salvo la religión nada les une a los árabes, de los que no guardan buen recuerdo. Empezamos el viaje por Shiraz, perla de la civilización persa, con su Ciudadela, su fabulosa Mezquita y su Bazar. Luego nos desplazamos a Persépolis (la ciudad de los persas) que, a pesar de haber sido saqueada e incendiada por Alejandro Magno, todavía muestra la grandiosidad, a través de sus columnas y relieves, de los magníficos palacios que mandó construir hace más de 2500 años el gran Darío I.

Luego visitamos Yadz, centro de los Zoroastras de Irán para pasar a continuación a Isfahan, dónde pasamos todo el día en una de las plazas más grandes del mundo, la plaza de Naghshe Jahan, que incluye una increíble Mezquita (la del Sheik Lotfollah), un Palacio (el de Ali Qapou) y un extenso Bazar todo alrededor de ella. Luego de admirar (y comprar) las famosas alfombras persas nos fuimos al desierto a pasar la noche. De camino a Teherán visitamos el impresionante y faustuoso Mausoleo del Ayatollah Jomeini, cubierto de alfombra entre las que destaca una inmensa alfombra azul que es una maravilla.

Un viaje inolvidable, repleto de agradables sorpresas, buena comida (pero sin bebidas alcohólicas), buen tiempo y sólo con el inconveniente para nuestras compañeras de tener que llevar constantemente el “hijab” (velo islámico) y a veces hasta el “chador” (capa que cubre todo el cuerpo) para poder entrar en algunos lugares dónde aun se celebran cultos.

DIARIO FOTOGRÁFICO